Luis Miguel Aragón
*Sucesión 2027: poder, acusaciones y de política cero
Nubarrones en la política sudcaliforniana: eso es lo que hemos vivido en el arranque de la sucesión por la gubernatura de 2027. Un arranque, por cierto, sumamente adelantado. Este proceso se ha convertido en un juego de poder y avaricia, donde lo que parece importar es demostrar quién tiene más fuerza, más dinero y mayor respaldo, no solo político.
Las acusaciones han sido graves. Van desde los señalamientos de una periodista —premio nacional de periodismo y especializada en temas de seguridad nacional, justicia, derechos humanos y corrupción—, quien advierte sobre presuntos nexos entre el gobierno municipal de Los Cabos y estructuras del crimen organizado; hasta la aparición de una “narcomanta” colgada en un puente de la capital del estado, en la que se acusa a la alcaldesa Milena Quiroga de supuestos vínculos con el “huachicol del agua” y el cobro de piso a comerciantes.
Si bien es cierto que en ninguno de los dos casos existe una denuncia penal formal, el daño está hecho. Este tipo de señalamientos ha manchado la esencia misma de la política: la de organizar la convivencia humana, gestionar conflictos de manera pacífica y resolver problemas sociales en busca del bien común a través de políticas públicas.
Y no solo se trata de los partidos en el poder. Aquellos que deberían ejercer una oposición firme y responsable simplemente no lo están haciendo. De un lado, se escuchan voces aisladas, estridentes pero intrascendentes; del otro, hay quienes actúan con un oportunismo meramente electoral, esperando la llegada de prerrogativas “machuchonas” para entonces activarse en busca de una curul o un espacio en los gobiernos municipal o estatal.
Las instituciones de educación superior, por su parte, parecen ensimismadas, ajenas a los problemas sociales que las rodean. Los estudiantes no logran organizarse en torno a causas colectivas; apenas surgen esfuerzos individuales o de pequeños grupos que intentan alzar la voz y ejercer presión para ser escuchados.
Mientras tanto, la sociedad observa con molestia, incluso con hartazgo. Este clima puede derivar en dos escenarios: la apatía total, donde la ciudadanía se resigna y se adapta a lo que venga; o el despertar de una inconformidad activa, que se traduzca en manifestaciones firmes contra la soberbia política.
En medio de señalamientos, silencios y una oposición a medio gas, la sucesión en Baja California Sur no solo se está adelantando: se está descomponiendo. Y mientras la clase política se disputa el poder, la pregunta ya no es si el escenario cambiará, sino si la sociedad estará dispuesta a exigirlo antes de que sea demasiado tarde.


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