Luis Miguel Aragón
*2026 La antesala del choque interno
El año 2026, es la antesala del próximo proceso electoral y, para muchos actores políticos, podría convertirse en el periodo más decisivo de sus carreras. Tanto en el ámbito nacional como en el local, una serie de acontecimientos recientes ha reconfigurado el tablero político y ha equilibrado una competencia que, hasta hace poco, parecía definida.
Como ocurre de manera natural, los gobiernos en turno enfrentan el desgaste propio de la administración pública: gestionar, mediar y responder a una ciudadanía que suele mantener expectativas altas sobre sus autoridades. Ese desgaste, acumulado con el paso del tiempo, termina por impactar en la percepción pública y en la fortaleza política de quienes buscan continuidad o nuevos espacios de poder.
Este escenario ha complicado —y mucho— las decisiones de quienes deberán integrar las listas de candidaturas para el proceso electoral del próximo año, particularmente en Morena y sus aliados el PT y el PVEM. La competencia interna se ha adelantado y, con ella, la organización temprana de grupos que buscan asegurar posiciones estratégicas dentro de la contienda.
Algunos aspirantes aseguran haber sido ya “bendecidos” por la llamada mano santa. Sin embargo, sus movimientos parecen contradecir ese discurso: cambios constantes de operadores, recorridos fuera de su ámbito de influencia y señales de improvisación que generan más dudas que certezas.
Otros, en cambio, arrastran pendientes en sus responsabilidades actuales y aun así se mantienen formados en la fila de los suspirantes, convencidos de poder asumir una carga mayor. Para ganar reflectores, recurren a la confrontación y al espectáculo, mientras el gasto se derrocha en rifas, tamalizas, regalos y eventos costosos.
De manera anticipada la contienda interna ya entró en una fase de señalamientos mutuos: descalificaciones públicas, robo de operadores y traiciones internas que, aumentan la temperatura política conforme se acerque la definición de candidaturas.
Sin duda, se verán cosas peores, pues esto apenas comienza y todo indica que van por todo, al precio que sea necesario.
En medio de este ruido, lo verdaderamente relevante debería ser otro aspecto: que la ciudadanía se informe, analice con criterio y decida, con conocimiento de causa, a quién otorgará su respaldo en las urnas. Porque, al final, más allá de las disputas internas, el voto informado sigue siendo el factor que define el rumbo político.


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