Luis Miguel Aragón
*La chiquillada y las pluris
Los diputados plurinominales son electos mediante listas de representación proporcional presentadas por los partidos políticos en cinco circunscripciones geográficas del país. Estas posiciones fueron creadas para garantizar que las minorías tuvieran voz en el Congreso de la Unión.
Con la reforma electoral que propone la presidenta Claudia Sheinbaum, desaparecería un porcentaje significativo de estas curules y, con ello, la representatividad —y quizá la propia sobrevivencia— de las franquicias políticas que integran la chiquillada.
Pongámosles nombre para identificarlos. El Partido del Trabajo ha sobrevivido históricamente entregándose al mejor postor en alianzas y coaliciones, a cambio de diputaciones y senadurías plurinominales, tanto federales como locales. De hecho, sus dos figuras más representativas, los profesores Alberto Anaya y Gonzalo Yáñez, han hecho de ello una forma de vida política: brincar de la diputación federal a la senaduría, siempre por la vía plurinominal.
Del Partido Verde Ecologista no puede decirse mucho más. No ganan por mayoría relativa ni en su propia cuadra. Han construido fortunas políticas —y personales— levantando el dedo desde las curules pluri, sin respaldo real en las urnas.
En el caso de Movimiento Ciudadano, las cifras hablan por sí solas: de sus 26 diputados federales, 25 llegaron por la vía plurinominal, y sus cinco senadores accedieron al cargo por el mismo mecanismo. Cabe preguntar si el dueño de la marca, Dante Delgado Rannauro, estará dispuesto a pensarlo dos veces, cuando él mismo ha probado las mieles de las plurinominales en más de una ocasión.
Sin embargo, a pesar de su tamaño reducido, hoy estos partidos tienen un papel clave para que la reforma avance o se frene. Resulta difícil imaginar que estén dispuestos a poner en riesgo a la gallina de los huevos de oro. De este sistema no solo han saciado el hambre política; han alcanzado la riqueza personal.
La negociación está en marcha. Falta saber qué se ofrece, qué se exige y qué se presiona. Lo cierto es que, si la reforma se aprueba, el golpe no será exclusivo para la chiquillada. El impacto alcanzará a todo el sistema de representación y, con ello, a una pluralidad que, imperfecta y cuestionada, sigue siendo uno de los pilares de la democracia.


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