Luis Miguel Aragón
* PT entre señalamientos y negociaciones.
Mientras el dueño de la franquicia llamada Partido del Trabajo, el profesor, Alberto Anaya, aparece junto a Luisa María Alcalde, presidenta de Morena, y Karen Castrejón, dirigente del Partido Verde, para posar en la foto de la “unidad” rumbo a las elecciones de 2027, en algunos estados, estos los aliados se comportan como auténticos adversarios. Veracruz, Oaxaca, Zacatecas y Baja California Sur cuentan otra historia muy distinta a la de ese discurso de juntos hasta el 2030 .
Si la unidad fuera auténtica, no haría falta presumirla. Nadie presume lo que funciona. Nadie grita estabilidad cuando la tiene.
En Oaxaca, por ejemplo, durante el reciente ejercicio de revocación de mandato del gobernador de Morena, Salomón Jara, el Partido del Trabajo jugó abiertamente en su contra. Aunque no lograron tumbarlo, sí le propinaron un “calambre” político que dejó claro que la conciliación no existe.
En Veracruz, el partido de la estrella amarilla denunció que alcaldes petistas han sido presionados para pasarse al partido guinda, mediante acoso político y chantajes disfrazados de ofrecimientos de obras y mayores recursos económicos. Bajo ese escenario, una alianza rumbo a los próximos comicios luce prácticamente imposible.
Mientras que en Baja California Sur, se han metido el pie, uno que otro codazo y algunas traiciones han salido a flote. Y por si esto fuera poco, los petistas han amenazado que traen los números para ir solos en la próxima elección. ¿Será?
La paradoja es evidente. Morena necesita al PT y al Partido Verde para sacar adelante la Reforma Electoral impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, pero sus aliados se han subido a una nube de exigencias desproporcionadas. El PT, ambiciona las gubernaturas de Zacatecas y Baja California Sur; el Verde, por su parte, se aferra a las candidaturas plurinominales, conscientes de que ahí reside su supervivencia política y económica.
Para el Partido del Trabajo y el Partido Verde, la Reforma Electoral puede convertirse en un trampolín hacia una cima que nunca han pisado, o bien en una caída al inframundo que los obligue a enfrentar la realidad. Esa que, sin disfraces, les mostrará de qué están hechos.
No puede pasarse por alto que esta semana el columnista Raymundo Riva Palacio, en su espacio Estrictamente Personal de El Financiero, señaló que el Partido del Trabajo es el primero que investigaciones en Estados Unidos ubican como instrumento del crimen organizado, sin que ello implique que todos sus militantes estén involucrados.
Así las cosas, por tanto, todo indica que se avecinan caídas, fracturas y reacomodos en la política mexicana. La supuesta unidad, por ahora, no pasa de ser un montaje para seguir en el forcejeo. Y conste que me refiero al contexto nacional.


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